Experiencias Propias y Testimonios

Mi gato naranja tipo Garfield y su amor por la lasaña (sí, era gordito)

Yo tenía un gato que parecía literalmente sacado de una caricatura: era naranja, gordito y con una personalidad bien graciosa. Si lo veías echado en el sillón con cara de “no me molesten”, era imposible no pensar en Garfield. Pero lo más chistoso (y real) es que… le gustaba comer lasaña.

No estoy exagerando: cada vez que en mi casa había lasaña, mi gato aparecía como si tuviera un radar. Se acercaba despacito, se sentaba al lado como “yo no quiero nada” y, apenas alguien se distraía, intentaba agarrar un pedacito. Y si le dabas un poquito (porque sí, a veces pasaba), se lo comía feliz como si fuera su comida favorita del universo.

Lo que aprendí con el tiempo

Con los años entendí algo importante: que a una mascota “le guste” algo no significa que sea lo mejor para ella. La lasaña puede tener cosas que a los gatos les caen mal, como:

  • mucha grasa,
  • sal,
  • lácteos (algunos gatos son sensibles),
  • y en algunas recetas hay ingredientes que definitivamente no son recomendables para ellos.

Así que en mi casa fuimos cambiando esa costumbre. En vez de darle comida humana, empezamos a darle premios para gatos o un poquito de comida húmeda (de las que sí son para ellos). Igual, él seguía siendo igual de Garfield: cada vez que olía comida “rica”, intentaba convencerte con su mirada.

Su personalidad era lo mejor

Era de esos gatos que:

  • caminaban como dueños de la casa,
  • pedían cariño cuando ellos querían (no cuando tú querías),
  • y se molestaban si cambiabas algo de lugar.

Pero también era bien tierno. A veces se dormía cerca de nosotros y ronroneaba fuerte, como si estuviera feliz de solo estar ahí. Aunque fuera “gordito”, era ágil cuando se trataba de comida: ahí sí corría como atleta.

Mi conclusión

Creo que por eso lo recuerdo tanto: porque no era solo una mascota, era parte del día a día y tenía “su forma” de estar en la casa. Y aunque lo de la lasaña suene chistoso, me dejó una enseñanza simple: las mascotas son como niños, dependen de lo que tú decides por ellos. Puedes darles cariño de mil formas, y una de las más importantes es cuidar lo que comen.

Si tú tienes una mascota con una costumbre graciosa (como mi Garfield naranja), cuéntalo. Al final, esas historias son las que hacen que un blog de mascotas se sienta real.

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